ENFERMEDADES VINCULADAS CON LAS CONDICIONES GRUPALES

TRATADO SOBRE LOS SIETE RAYOS, TOMO II

ALICE A. BAILEY- MAESTRO TIBETANO


 

 

ENFERMEDADES VINCULADAS CON LAS CONDICIONES GRUPALES

Este tema lo trataré brevemente debido a que el trabajo grupal -entendido esotéricamente- es relativamente nuevo, y también el individuo que en la actualidad trabaja en un grupo, apenas es afectado por estos factores, en razón de su integración relativamente parcial. Me refiero a su integración en el grupo. Las personas están todavía tan aisladas dentro de sus personalidades que se cierran en muchos casos al estímulo, efectos e impulsos grupales. Sólo cuando se descentralizan y, por lo tanto, responden más fácilmente a las ideas, al idealismo y al aura grupales (con su inhalación, exhalación y vivencia también grupales) pueden sucumbir y sucumbirán a las dificultades que impone la vida grupal. Hoy, a la figura central de la vida grupal, a la personalidad dominante o alma, es a quien se dirigen la vida y los pensamientos grupales, con todas las consecuencias que esto implica. El individuo sobre quien gira la vida grupal (si puedo emplear tal término) es la víctima del grupo y el que paga el precio de cualquier debilidad grupal. La expresión de la actitud grupal halla salida en él y a veces es prácticamente muerto por el grupo. En la actualidad no existe un grupo perfecto. Todos están en la etapa experimental y compuestos, en gran parte, por unos pocos acuarianos, innumerables piscianos y numerosas personas que están en la etapa de transición entre ambos. El guía o guías de los nuevos grupos son generalmente del tipo más puro de la nueva era, o carácter acuariano, que es posible obtener actualmente. Esto explica el fracaso del grupo, por’ regla general, ya para comprender al dirigente o colaborar con los nuevos ideales como se desea. El dirigente es un precursor en el nuevo campo del pensamiento y de la intención y, por lo tanto, sufre el castigo de su osadía y de su espíritu emprendedor.

No tengo la intención de ocuparme aquí de las dificultades del grupo porque no es mi tema. Sólo estoy considerando las dificultades (a veces son enfermedades físicas) y los problemas del individuo que es sensible a la presión y vida grupales -algo muy diferente de los problemas comunes de los místicos del pasado. Éstos sólo pueden ser estudiados e investigados hoy, considerando las vidas, la condición física, los problemas, las difi-cultades y la muerte de los líderes de los grupos. Les llamo la atención sobre esto. Los miembros del grupo -aunque no quieran reconocerlo- todavía no están dispuestos a sufrir mucho por la vida, la emanación y la energía grupales, porque aún no se han integrado suficientemente en el grupo.

El problema que consideramos puede dividirse en dos categorías principales, y a medida que trato de dilucidarlas me doy cuenta que tengo muy poco que decir sobre ellas. En el próximo siglo los problemas serán más definidos y las dificultades nítidamente delineadas. Éstas son:

a. Las que surgen como resultado del pensamiento dirigido de un grupo. Sobre esto algo puedo decir.

b. Las enfermedades vinculadas con las vías respiratorias. Sobre éstas poco puedo decir.

Por lo tanto, analicemos dichos problemas. Primero, debemos estudiarlos desde el ángulo de aquel a quien más lo afectan -el dirigente o punto focal del grupo. Estos mismos problemas pueden también afectar a tres o cuatro personas que conjuntamente con el guía del grupo y en colaboración con él, dirigen la política del mismo.

Enfermedades y Problemas Evocados por el Pensamiento Dirigido del Grupo

Es evidente que la principal y más importante de estas dificultades surge de la crítica grupal, ya sea verbal o fuertemente sentida. La crítica puede estar fundada en muchas cosas, pero generalmente tiene sus raíces en la envidia, en la ambición reprimida u orgullo del propio intelecto individual. Cada miembro de un grupo, especialmente los que pertenecen al círculo inmediato del dirigente o dirigentes, son propensos a erigirse en jueces. La responsabilidad no es de ellos, no conocen los problemas como realmente son, por lo tanto, les es fácil criticar. Deberemos recordar aquí que la crítica es un veneno virulento. En todos los casos perjudica a su debido tiempo al que critica y -debido a que ha sido dirigido verbalmente- perjudica mucho más al que ha sido criticado. Cuando hay móvil puro, verdadero amor y una gran medida de desapego, los cuerpos sutiles de aquel que es atacado pueden permanecer inmunes, pero los efectos físicos serán muy definidos, y cuando hay una debilidad física o limitación, allí se localizará el veneno proyectado.

La crítica que no ha sido verbalmente difundida es muy peligrosa, porque está poderosa y fuertemente enfocada, aunque no ha sido dirigida individualmente; surge continuamente como chorro constante enviado en aras de la envidia, la ambición y el orgullo, porque ha habido una captación personal de una supuesta situación y el que crítica cree que comprende correctamente y que podría -si se le ofrece la oportunidad- actuar de-bidamente. Cuando la crítica se emite y se expresa en palabras. se refuerza, por consiguiente, mediante la colaboración de los que han sido influenciados por la crítica, y las consecuencias de este pensamiento dirigidos grupalmente pueden ocasionar un desastre físico y la desintegración del cuerpo físico del dirigente o de los dirigentes. Esto quizás podrá ser algo nuevo para algunos, y hará que la mayoría de quienes componen los grupos de la nueva era detengan sus pensamientos y libren a sus guías del impacto desastroso de sus críticas.

Aquí no me refiero al odio, aunque a menudo está presente, ya sea consciente o inconscientemente, sino que se “erigen en jueces” de las vanas murmuraciones que parecen tan necesarias para el miembro común del grupo. Se asemeja al aliento de la muerte que no sólo mata al líder por el veneno acumulado y la angustia, sino que también puede matar la vida grupal y hacer abortar el esfuerzo que podría ser, si se le dedicara la debida colaboración y tiempo, un agente constructivo a través del cual la Jerarquía podría trabajar.

De todas partes y de todos los grupos le llegan al dirigente del grupo oleadas de críticas, pensamientos ponzoñosos, falsas ideas, vanas habladurías destructivas, imputación de móviles, envidia y odio inexpresados, ambiciones frustradas de los miembros de un grupo, resentimientos y deseos insatisfechos de destacarse, ser reconocido por el líder o líderes, o el deseo de verlo reemplazado por ellos mismos o por alguien, más otros tipos de egoísmo y orgullo mental. Esto produce resultados en el cuerpo físico del líder y frecuentemente en el cuerpo emocional. Por lo tanto, la responsabilidad de un miembro del grupo es muy grande, y muy pocas veces la reconoce o acepta. Resulta difícil apreciar los efectos desastrosos cuando una persona es el blanco de las críticas del grupo y cuando el pensamiento dirigido de un grupo de personas se enfoca en uno o dos individuos.

Cuanto más evolucionado sea el dirigente del grupo, mayor será el dolor y el sufrimiento. Las personas que pertenecen al primer rayo, que tienen por naturaleza “una técnica para aislarse”, sufren menos que la mayoría, pues saben cómo detener estas corrientes de fuerza dirigidas y cómo desviarlas y -cuando no son personas profundamente espirituales- pueden devolverlas a los que las originaron y provocar así grandes desastres en sus vidas. Las personas que pertenecen al segundo rayo no trabajan ni pueden hacerlo de esta manera. Son absorbentes por naturaleza y atraen magnéticamente todo lo que en su medio ambiente va dirigido hacia ellos. Esta es la razón por la cual el Cristo sufrió la pena de muerte. Fue muerto no sólo por Sus enemigos, sino por Sus seudo amigos.

Aquí podrán muy bien preguntar: ¿ Qué puede hacer un conductor o grupo de dirigentes en estas circunstancias desgraciadamente anormales y comunes? Nada, sino continuar con el trabajo. Retirarse dentro de sí mismo; decir la verdad con amor cuando se ofrece la oportunidad, rehusar amargarse por el dolor que le ocasiona el grupo y esperar hasta que sus miembros aprendan la lección de colaborar, de guardar silencio, de saber apreciar amorosamente y de captar y comprender inteligentemente los problemas que enfrentan todos los dirigentes de grupos, en estos días difíciles e individualistas. Ya llegará ese momento.

Luego tenemos el reverso de este problema que debe enfrentar la mayoría de los dirigentes de grupo. En esta situación contraria, el guía es vencido (si puedo utilizar tal palabra) y oprimido por la devoción de ciertos miembros del grupo. Los guías del grupo casi pueden ser aniquilados por el amor que demuestra la gente hacia la personalidad, pero esto no es de naturaleza tan ponzoñosa como las dificultades ya mencionadas, porque -aunque constituye un obstáculo que conduce a innumerables formas de dificultades, malas interpretaciones y reacciones grupales-. se produce por el amor, no por la separatividad y el odio. Trae lo que se denomina esotéricamente la invalidación “de aquel que trata de servir y lo ata de pies y manos

Trataré otra dificultad muy importante, porque es una actividad grupal llevada a cabo como un todo y no el acto de un individuo o de un puñado de individuos dentro del grupo. Me refiero a la forma en que hoy el grupo agota la vida de su líder o dirigente. El cordón umbilical (hablando simbólicamente) rara vez se corta entre el dirigente y el grupo. Esto constituye el mayor error cometido por los grupos de la era pisciana. Permane-cían siempre vinculados a él o -cuando los impulsaba el odio o el desagrado- truncaban violentamente el vínculo y rompían las relaciones causando gran angustia e innecesario sufrimiento al grupo y al dirigente. En la nueva era, el cordón será tempranamente cortado en la vida del grupo, pero el líder o el grupo de líderes permanecerán siendo durante largo y tiempo (como la madre y el hijo) la inspiración guiadora, la fuerza amorosa protectora y un venero de instrucción y enseñanza. Cuando esto sucede el grupo puede emprender su camino y vivir su vida como un agente autodirigido, aunque el líder haya partido para el más allá, o se produzca un cambio en el liderazgo por una u otra razón.

De acuerdo a como afluye la vida grupal y la actividad, así será el efecto -emocional y físico- producido sobre cualquier miembro sensitivo del grupo; cuanto más frecuente sea el contacto físico entre los miembros del grupo, más definidos serán los problemas y las dificultades grupales. Los grupos de la nueva era se mantendrán unidos por el eslabón subjetivo y no por una reacción emocional provocada por un contacto externo. Les pediré que reflexionen cuidadosamente sobre este último párrafo, porque contiene la clave para el trabajo exitoso de los nuevos grupos. De la vida grupal y de la atmósfera grupal provienen muchas infecciones que conducen a dificultades de naturaleza física. La enfermedad generalmente tiene origen grupal y a ella sucumben los místicos y los sensitivos del mundo. En estas primeras etapas de verdadero trabajo grupal, las dificultades que sobrevienen debido a los contactos grupales, son con frecuencia puramente fisiológicas y no están tan profundamente arraigadas como aquellas que hemos analizado anteriormente. Esto es algo que debe recordarse. Las dificultades y las enfermedades físicas no son tan serias como las sicológicas.

Enfermedades Respiratorias de los Místicos

Poco puede decirse sobre esto. Constituirá una de las mayores dificultades a medida que los grupos acrecientan su fuerza y su poder. La dificultad se acrecentará de acuerdo a su objetividad y no a su subjetividad. Me refiero a esas enfermedades que afectan al aparato respiratorio y surgen de los contactos grupales; no me refiero a las mismas dificultades que produce el individuo al grupo. Esotéricamente la razón de esto debería ser evidente. Los errores cometidos al hablar, las charlas y las habladurías vanas, el efecto que producen las palabras del dirigente -tendrán resultado subjetivo que no será captado ni comprendido por el estudiante común, y todos producen un efecto físico- ya sea bueno o malo. Debido a la novedad de este tema y a la falta de evidencia para sustanciar mis afirmaciones, sólo puedo llamarles la atención sobre las posibilidades latentes y dejar que el tiempo demuestre lo correcto de mi posición. En forma curiosa el tema de la respiración -individual y grupal- evoca su propia y paralela solución en el énfasis puesto por los numerosos grupos esotéricos en los ejercicios de respiración y en la pronunciación del Aum (que es el aliento del alma, cuando se pronuncia correctamente) y en la práctica (basada en distintas fórmulas) del ritmo. Estos esfuerzos -de naturaleza instintiva y planeada, en forma más que inteligente- no son aún reconocidos por el grupo para contrarrestar ciertos peligros grupales presentidos.

Estas prácticas pueden ser benéficas si se las lleva a cabo cuidadosamente, pero con frecuencia provocan sus propios problemas peculiares. Por ejemplo, pronunciar el Aum, por quien no está preparado, o por los grupos que están intrigados por esta actividad, pero que no tiene la menor idea de lo que hacen, acarrea marcadas dificultades. Sin embargo, las dificultades especiales del trabajo grupal de la nueva era pueden contrarrestarse mediante ciertas prácticas y ejercicios esotéricos vinculados a las vías respiratorias. Más que esto no puedo decir, porque los nuevos grupos están en su infancia y no se han producido dificultades grupales en amplia escala, ni existen futuros problemas (incidentales al ocultismo y al pronunciado misticismo de estos grupos) tan definidos como para detallarlos comprensivamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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