Apreciado lector: es difícil encontrar una frase que no sea importante a lo largo de toda la obra del Maestro Tibetano y Alice Ann Bailey. En realidad, se abre cualquier libro por cualquier página, y es casi seguro que encontraremos algo interesante, y que una vez leído genera el deseo de leer más. Ojalá que así sea, y que toda la sabiduría expresada en los libros azules, modifique un poco tu forma de pensar.

Afectuosamente,
Jason Doyle




Se ha de observar que luz, calor e irradiación, caracterizan a todos los entes individualizados, desde los dioses hasta los hombres. 

Comentario: Que el cuerpo irradia calor es algo evidente. Sin embargo, lo que más interesa desde el punto de vista esotérico, y que es lo más fundamental, es la afirmación de que el ser humano irradia luz. Está claro que el que un individuo parezca una bombilla no tiene la mayor trascendencia, hasta suena gracioso. Lo esencial es que llegados a un punto evolutivo, los seres humanos pueden ser capaces de generar luz, gracias a su capacidad de visualización, imaginación y utilización de la esencia del corazón, o algún otro órgano más, y enviar paquetes de información a través de la luz generada. Paquetes de información que pueden activar la mente y también ciertos aspectos del cuerpo físico del destinatario.
Podríamos afirmar que una frase tan sencilla encierra en sí misma, todo un tratado de transmisión de energía. Afirma además que por encima del ser humano, están los dioses. Los seres humanos existimos y somos porque existen y son los dioses. Somos un producto, una consecuencia de sus actividades.


Los centros etéricos o los puntos focales de fuerza de un Hombre celestial, se hallan en el cuarto éter cósmico, el plano búdico. El plano astral está estrechamente ligado al búdico y cuando los centros etéricos de nuestro Hombre celestial, por ejemplo, llegan a su plena actividad, la fuerza es transmitida, por intermedio de su analogía astral, al cuarto éter físico, en el cual existen los centros del hombre.

Comentario: Es realmente difícil para un estudiante común, como solemos ser la mayoría de los que iniciamos la búsqueda de la existencia espiritual, y que somos aquellos que normalmente leemos con enorme interés  estos párrafos, saber exactamente qué es lo que nos tratan de decir los sabios que han llegado a comprender un poco más. Se podría afirmar que cuando un estudiante comienza a visualizar, al principio se conforma con ser capaz de dibujar delante de su mente, alguna forma geométrica. Después, desea dar un paso más, y toma la determinación de visualizar caminos que otros han trazado como pueden ser los viajes hacia el centro de energía de algún maestro, o trabajos mentales similares a los narrados en el libro "Los senderos brillantes" de Dolores Ascroft-Nowicki. Menciono tal libro porque un gran amigo mío D. Salvador Navarro Zamorano me lo regaló, y a su vez, yo también lo tenía y había disfrutado enormemente con alguno de sus viajes.
¿Hasta dónde se llega? Difícil es la respuesta. 
Lo más normal, como digo, dependiendo del poder de visualización del estudiante, es que se sienta el relativo placer de pensar que estamos en otro lugar, como así es en realidad. 
¿A dónde llevan las proyecciones mentales?
¿Dónde está ubicado el reino interior que somos capaces de descubrir?
¿Es el mundo etérico, el astral, el mental o el búdico?
¿En qué plano se sumergen nuestros pensamientos y visualizaciones?
Difícil respuesta. 
En ocasiones, cuando se viaja más allá de la forma, cuando únicamente se desea permanecer en la oscuridad, en una completa tranquilidad, en una densidad material parecida al terciopelo, entonces se abre un vórtice de energía que puede ser capaz de absorber al viajero mental. Quien es absorbido siente frío físicamente y enorme debilidad, por lo que para tal ascenso se hace necesario tener una perfecta salud que no se vea alterada.
¿Qué ocurre después?
Si se ha sido capaz de salir de tal vórtice se emerge del mismo con la sensación de estar dorado, como si se fuese oro.
Comprendo que tal explicación es excesivamente subjetiva, pero nadie podrá tachar al que la suscribe de decir algo que no ha visto con el ojo de la mente.

Los centros de energía del Logos solar tienen la forma de vastos lotos o ruedas, en cuyos centros reside oculta esa Vida cósmica central que llamamos un Logos planetario. Es el lugar de encuentro de dos tipos de fuerza, espiritual o logoica, que llegan hasta Él (por medio del Loto logoico en los planos mentales cósmicos) desde el plano de los siete Rishis de la Osa Mayor y, en segundo lugar, de la fuerza búdica, transmitida por medio de las Siete Hermanas o las Pléyades, desde una constelación llamada El Dragón en algunos libros de donde proviene la denominación de "El Dragón de Sabiduría"
Se suma a ésta una tercera energía de tipo manásico, en consecuencia, puede ser detectada en estos centros. Llega a los centros logoicos por medio de la Estrella de Sirio y es transmitida desde esa constelación que (como hemos mencionado) debe permanecer incógnita en la actualidad. Estas tres grandes corrientes de energía forma la manifestación total de un centro logoico. Es conocido por nosotros como un esquema planetario.
Dentro del esquema planetario, estas corrientes de energía actúan predominantemente de la manera siguiente:

a. Energía espiritual... tres planos superiores... las mónadas
b. Fuerza búdica...       cuarto plano                 ...  los ángeles solares
c. Fuerza manásica...   dos planos inferiores....  los cuatro reinos de la naturaleza.

La energía física, remanente de un sistema solar anterior, se demuestra a través de la forma física densa y material energetizado durante el ciclo involutivo. No se la considera un principio, se la observa como la base de maya o ilusión.

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Los males basados en la crítica, en el odio y en la tendencia a juzgar a otros (por lo común despiadadamente) pasan del centro laríngeo al plexo solar. Esta relación existente entre los centros, nunca ha sido debidamente considerada. Por los centros del cuerpo etérico pasan distintos tipos de energía, y gran parte de la energía transmitida de un centro a otro es indeseable, fluyendo de los centros situados abajo del diafragma a los de arriba.
El cuerpo físico (etérico y denso) puede ser comparado a una casa con dos instalaciones telefónicas, una trayendo la energía desde afuera, la otra, de una habitación a otra como teléfono interno. La analogía es mucho más exacta de lo que puede parecer al pensador casual. En toda casa moderna se instala luz, agua, gas y teléfono. La luz simboliza el alma, el agua las emociones, el intercambio telefónico la mente con su intercomunicación de conocimientos, y el gas simboliza la naturaleza etérica.
Resulta interesante y penoso observar que en la actualidad lo que sale de los hogares comunes son los residuos, lo indeseable; ésta es la analogía de la triste y egoísta demanda para satisfacer las necesidades y deseos personales.
Por lo tanto, habrán visto por qué he señalado tan enfáticamente la necesidad de la inofensividad, pues es el método científico por excelencia, hablando esotéricamente, de limpiar la casa y purificar los centros. Esta práctica limpia los canales obstruídos y permite la entrada de energías superiores.

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Entrenar la intuición para reconocer la verdad espiritual debería ser el objetivo de su esfuerzo. La única autoridad es la instrucción y no el instructor, y en la roca de la autoridad se han estrellado muchas escuelas. Existe una sola autoridad, la propia alma inmortal de cada uno, única autoridad que debe ser reconocida... Entrenamos a los hombres para que vivan como almas y no como niños que deben ser cuidados, vigilados y protegidos e impuestos de órdenes y reglas. Como almas, los hombres reciben su vida del océano universal y no de la cisterna de lo particular. Llevando sus pequeños cántaros, hallan su camino hacia ese océano y extraen por sí mismo con ese receptáculo lo que necesitan. A la luz de su propia intuición y mente iluminada (desarrollados y llevados a la utilidad por la meditación) traten de extraer para sí ese aspecto de la enseñanza apropiada y que puede ayudarlos, interpretándola a la luz de su propio progreso y necesidad. Los días de contacto con la personalidad, atención de la personalidad y mensajes personales, hace tiempo que han terminado, excepto en el valle de la ilusión que está en el plano astral. Éstas son palabras duras, pero ningún verdadero discípulo las interpretará mal. Por su propia y profunda experiencia y lucha sabe que es así. Lo importante es el grupo de maestros, la Jerarquía como un todo y su interacción con la humanidad; lo interesante es el grupo de discípulos de Maestros y su relación con los discípulos probacionistas en el plano físico, a los cuales ve como grupos esparcidos por el mundo, no importa donde residan; 

Comentario.
Cuando somos jóvenes tendemos a buscar a aquella persona que nos pueda ayudar a tomar una decisión o emprender un camino. Hasta para eso se necesita "suerte". Necesitamos que alguien nos ayude a abrir los ojos, a encontrar el sendero. Nuestra inocencia puede conducirnos hacia abismos de los que es difícil salir.  Quizás en esos momentos de incipiente peligro, surge del corazón una norma sencilla, el amor a nuestros padres y a nuestra familia. Tal amor puede evitar llevar a cabo empresas arriesgadas donde se puede poner en juego de golpe todo nuestro tesoro. Aun así, también puede resurgir aquel que se ha visto involucrado en algún entorno extraño. Luego, el amor a la familia, si la hemos iniciado de jóvenes, es un ancla que evita que continuemos por un camino peligroso. Se podría decir que el amor a los demás es una especie de salvavidas que surge entre el ímpetu juvenil por encontrar y seguir un camino y la estabilidad social. Paulatinamente, vamos madurando y comenzamos a creer en nosotros mismos y en la impresión que nace en nuestro interior. Quien es verdadero maestro sabe que es el continuado esfuerzo el que hace que un incipiente discípulo llegue a ser un discípulo aceptado (por sí mismo). Delante de sí tiene muchos años de estudio, meditación, y si la suerte le sonríe en introducirse a sí mismo, mediante el empleo de sus conocimientos, que llegan a ser objetos luminosos, o dicho de otra forma, objeto compuestos de luz, en un mundo de energías. En ese mundo, que no siempre es capaz de entrar, se penetra gracias al estudio, la meditación o pensamiento, y respiración o incremento del poder vital.
Trabajo, trabajo y trabajo.
Nuestros maestros son aquellos libros que nos llenan al leerlos. El estudio de sus conceptos nos pueden llevar al mundo del alma, no necesariamente de una forma consciente, pero sí gratificante. Es por ello que aprendemos a decir a nuestra alma : Sea tu voluntad, y no la mía. Porque comprendemos que el alma o la vitalidad que de ella se desprende es lo que nos da vida y nos diferencia de llevar una vida sin sentido que no va a ninguna parte.